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No hace falta que pensemos en Star Wars o en otras películas en las que la tecnología es protagonista de todo y el futuro se antoja espectacular. Ver coches ‘andando’ solos ya es una realidad, aunque de momento está en periodo de pruebas.

El famoso coche autónomo, o sin conductor, ha aparecido en las carreteras de Estados Unidos de la mano de empresas como Google o Tesla. Gracias a la tecnología basada en sensores de diferentes tipos y a la capacidad de los procesadores informáticos estos vehículos pueden calcular velocidad, trayectorias y trazar recorridos basándose en diferentes variables.

TRANQUILIDAD, QUE NO LLEGARÁN MAÑANA

Los plazos más optimista hablan de 2020 como el año en el que se podrán empezar a ver los primeros coches autónomos. El camino en lo que a legislación se refiere será muy largo, pues hay que tener todo bien controlado antes de poder ‘lanzar’ los coches a la calle. Además, más allá de los problemas legales del coche autónomo también se platean otros sobre los permisos necesarios para ser ‘supervisor de los coches’, y otros sobre la responsabilidad en caso de accidentes. El camino es largo todavía y quedan muchas dudas por resolver sobre los coches autónomos.

TODO AUTÓNOMO PERO…

Sin necesidad de que una persona humana lleve el volante, el coche sabe dénde tiene que ir y cómo, y puede adelantarse a imprevistos, aunque esto tiene un problema. Ya ha habido varios accidentes mortales por culpa de imprudencia de peatones o ciclistas que alteraron los cálculos de los coches automáticos al invadir su espacio de manera precipitada. Nos quedará la duda de si esos accidentes mortales habrían sido evitados por una persona con reflejos, o al ser tan ‘precipitados’ un ser humano tampoco hubiera reaccionado a tiempo.

PURA CIENCIA… SIN SENTIMIENTOS

Aunque la tecnología avanza a pasos agigantados la realidad es que la informática no puede sentir. Esto es un punto a tener en cuenta cuando dentro de unos años nos encontremos con coches automáticos en nuestras carreteras (que acabará sucediendo). El coche detectará a un ciclista que circula a una velocidad, y ocupa un espacio en la calzada y pondrá en marcha el protocolo para adelantarlo de manera fría y calculadora. No demostrará empatía ni antipatía, ni le parecerá bien, mal o regular que un ciclista esté realizando su salida por la calzada.

Esto también se aplica a los conductores que se encuentren con este tipo de vehículos, ya que no ‘interactuarán’ con la pasión y sentimientos que tenemos las personas. Aunque parezca que todo está ‘bajo control de la máquina’ es importante que no pequemos de exceso de confianza ante un vehículo que puede sufrir accidentes igual que el resto. No dejar todo el control en mano de la tecnología, aunque confiemos en ella, es una recomendación básica con este tipo de vehículos.

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